Censura: una mirada a su prevalencia en la literatura




El pasado 12 de Marzo inauguramos en la librería un nuevo espacio: Galería Nido. Este espacio ha sido pensando para que, al igual que en las galerías de artes plásticas, en esta nuestra se alojen exhibiciones curadas de obras literarias en torno a un tema.





Inauguramos la actividad cultural de la galería con la exposición "La censura en la literatura", haciendo un recorrido por algunas obras que sirvan de ejemplo de las múltiples formas y rutas que ha adoptado, y sigue adoptando, la censura de la circulación literaria.


La censura nace, en principio, del miedo por parte un individuo o grupo a no poder controlar lo que el otro piensa. De esta forma la censura es en sí una censura del pensamiento y, cuando un grupo logra ejercer el control sobre lo que el otro piensa, indiscutiblemente se trata de un adoctrinamiento. Limitando los contenidos tratados en las escuelas y universidades, lo que se divulga en las noticias, pero también limitando el arte y el lenguaje, son formas de restringir la capacidad que como seres humanos tenemos de interpretar el mundo y re imaginarlo. Coartar el pensamiento es mantener el status quo.


“Porque el arte es un método de conocimiento, una forma de penetrar en el mundo y encontrar el sitio que nos corresponde en él.

Andruetto, María Teresa (1954); Hacia una literatura sin adjetivos.



Si bien los motivos varían, censurar libros ha sido una constante histórica. Se pueden trazar obras literarias censuradas en la antigüedad. En los inicios del siglo XVI el Index librorum prohibitorum, listaba todos los libros cuya lectura la Iglesia Católica prohibía a sus feligreses. La Inquisición ya había instaurado esta practica desde la Edad Media, expurgando no solo en su distribución, -sino desde la producción-, obras literarias quizás muchas de las que no podemos tener registro hoy.


No sólo la Iglesia y los grupos religiosos de diferentes credos han sido censuradores a templanza. Gobiernos y grupos políticos han coartado la distribución y lectura de libros en diversos momentos del tiempo. Pero no podemos desestimar un grupo censor que hoy día sigue liderando gran parte de la objeción que se hace a muchas obras literarias. La ALA (American Library Association, por su sigla en inglés) lleva un registro anual de las incidencias de censura y prohibición que se presentan en las bibliotecas y escuelas de los Estados Unidos. Esta información esta disponible para los años 1990 en adelante, momento en que la OIF (Office for Intellectual Freedom) de la ALA inició la recopilación de la información, no queriendo con ello apuntar a que previo a esta fecha no haya habido casos. Una mirada rápida a los casos revela que en su mayoría, la censura ha originado de un padre de familia o asociación de padres que han pedido expugnar un libro de los acervos de una biblioteca o de los programas de lectura escolares. Lamentablemente algunos casos han terminado en la prohibición efectiva del libro, cuando la junta de la biblioteca o escuela o el juez (cuando la circunstancia hasta esta instancia ha llegado) ha cedido ante las presiones de los padres. En otros casos, las acciones de otros padres en desacuerdo con el censor han ocasiona la reversión de la decisión de las juntas o jueces y la circulación de la obra ha sido restituida.


La censura puede no solo terminar en prohibición sino en la desaparición del libro mediante su destrucción. Las quemas de libros datan de tiempos tan lejanos como los antiguas dinastías chinas y del emperador romano Constantino El Grande, que en su deseo de preservar un poder político eliminaron textos que pudiesen atentar contra el establecimiento; la quema de códices aztecas y mayas durante la Conquista, purgas y quemas de libros del régimen Nazi en 1933 en Alemania y en 1981 la quema por parte del grupo étnico mayoritario de Sri Lanka, de la Biblioteca Publica de Jaffna en la que se perdieron siglos de documentos que sustentaban la cultura minoritaria de la isla, los Tamil. En mayo de 1978 en Bucaramanga, Colombia la sociedad religiosa de San Pio X lideró un acto de quema de libros considerados perturbadores para los jóvenes entre las que se dice hubo ejemplares de García Márquez, Rousseau y Marx.


La actual exhibición en Galería Nido propone un recorrido por 46 obras que han sido censuradas o prohibidas desde la antigüedad hasta nuestros días, por motivos diversos, algunos que tiran de hilos tan finos que pareciera no son visibles. Pero ese es el peligro de la censura, su capacidad de instalarse en tejidos invisibles pero que permean los años y las generaciones, nublando en ocasiones el derecho a permitir que sea el lector quien determine si lo leído es o no valioso.


Pero, ¿se ha preguntado si un libro es lo suficientemente poderoso como cambiar por completo, sin hacerle dudar, su forma de pensar? Como menciona Perry Nodelman en su artículo Todos somos Censores (Canadian Children’s Literature Nº 68 ; 1992):


“Por lo tanto, sospecho que los libros son siempre menos significativos para nuestra educación que los valores que nos inculcan quienes nos cuidan y nutren; ya sean los valores en los cuales ellos dicen creer y se esfuerzan por inculcar, o bien los que en realidad ponen en práctica y nos enseñan.


Por coercitivo que sea el discurso de un texto, seguro entrara en contacto con su estructura previa, y por pequeña que sea habrá una batalla interior, y no una “dosis médica” forzosa y moralmente correctiva.



La censura sigue siendo una sombra que la industria editorial no siempre ha sabido batallar. Ocurre que existen tendencias en la creación y producción que ejercen controles sobre los contenidos, limitando temas, tratamientos de estos, personajes y usos del lenguaje que eviten la generación de polémicas o el abordaje de temas difíciles. En otras instancias la creación no solo opta por evitar o "lavar" contenidos sino por producir libros que aborden lo que un grupo considera debe enseñarse. De esta forma la censura lleva a una anteposición de la instrumentalidad o enseñanza moral sobre la calidad y la forma literaria.



“ Todos recordamos aquel momento, luego aceptado como un gran error, en que los cuentos de hadas fueron enviados a la lavandería, para retirarles toda mancha de sangre. El resultado fue que, al limpiar la sangre visible, se drenó también la invisible, esa que corre por las venas de las historias, y las anima y les da vida. Y los bellos cuentos de hadas se tornaron pálidos, débiles, inexpresivos.

Colasanti, Marina. (2004) "Leyendo en la casa de la guerra"; en Fragatas para tierras lejanas. Conferencias sobre literatura.




Debido al cierre temporal de la librería hasta pasada la emergencia sanitaria nacional, las visitas a la exhibición quedaron suspendidas. Pero el trabajo de curaduría e investigación quedará disponible para quienes quieran visitar virtualmente la exposición.



Dejamos aquí una corta visita filmada:


Galería de Fotos:

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