Vivir de los libros en tiempos de crisis

Queremos compartir con nuestros lectores el punto de vista, la experiencia y visión que escritores y artistas tienen de la situación que como sociedad mundial hoy vivimos. Esperamos que, a pesar de la dificultad, la literatura y el arte sirvan de asidero emocional pero también de mirada crítica a lo que vendrá luego de la pandemia.



Vivir de los libros es hacer de la escritura y la ilustración, la edición y la crítica, la comercialización y difusión un oficio. Laborar en el mundo de los libros. Pero vivir de los libros es también una forma de vida, cuando como lectores los libros siempre están presentes en nuestro hacer cotidiano, cuando son refugio, cuando son puerto de salida y llegada. ¿Qué significará vivir de los libros para quienes lo viven como oficio? Y, ¿qué nuevas dimensiones adquirirá para quienes viven entre libros como lectores?


Hemos pedido que desde su casa Marina Colasanti, Claudia Rueda, Ana Garralón, Arianna Squilloni y Yael Frankel, nos den su visión, nos cuenten cómo viven su resguardo en tiempos de crisis, qué perspectivas tienen de los tiempos post-cuarentena y los retos y enseñanzas que esta situación nos deja a los que vivimos de la cultura.




El confinamiento al hogar

Quedarse en casa ha supuesto para muchos un recuperar del hogar. Entre las faenas domésticas y el trabajo o el emprendimiento de nuevos retos parece que los días se van transcurriendo. Pedimos a nuestras invitadas que nos contaran un poco de sus rutinas, qué es lo que más extrañan de no poder salir, qué es lo que más disfrutan y qué será lo primero que hagan cuando puedan volver a las calles o a la actividad normal. Por fortuna, el hogar se sostiene como espacio querido, conocido y habitual. Y las pequeñas cosas son las que nutren la rutina. Se extraña poco de lo externo... Dejaremos que ustedes lectores, hagan su propio balance.


Claudia Rueda: Podrá sonar extraño para muchos, pero las rutinas de alguien que es escritor o ilustrador no son muy distintas a lo que estamos viviendo ahora. Son oficios que se elaboran en el silencio y en el aislamiento. En todo caso, extraño salir a caminar en la naturaleza, ir al gimnasio, montar en bicicleta o encontrarme con alguien en un café. Ahora procuro levantarme temprano, hago algo de ejercicio con una rutina que sigo en You Tube, riego las plantas y me siento a trabajar en dos libros que estoy adelantando. No estoy en mi estudio, pero acomodé un escritorio con lo indispensable. Ya en la noche sigo el noticiero y he visto algunos documentales de naturaleza, curiosamente. He vuelto a cocinar y eso me gusta y disfruto mucho del nuevo silencio de la ciudad.


Yael Frankel: Limpio muchísimo! Toda la casa... somos cuatro y aunque ayudan todos, termino agotada. Leo, trabajo (un día antes de la cuarentena mudé todas mis cosas desde mi estudio a mi casa), escribo (estoy participando de un mundial de escritura) y ¡canto! (las clases de canto a las que iba una vez por semana se dan a través de internet). Trato de practicar inglés (que también cursaba una vez por semana) pero todo lo que era presencial y se convirtió en "on line" me resulta muchísimo más tedioso.


Ana Garralón: Vivo sola en un lugar pequeño (pero muy lindo). Este espacio es también mi lugar de trabajo, así que me siento muy cómoda. Los que trabajamos en casa hemos desarrollado una especie de "lado ermitaño": tenemos la costumbre de pasar mucho tiempo solos, leyendo o trabajando en nuestras cosas, así que no es una situación nueva para mí. Y, de veras que lo disfruto. Mis rutinas son las de siempre que estoy trabajando, no hay nada nuevo. Lo que extraño de no poder salir es dar paseos y caminatas por la ciudad, que siempre me ayudan a colocar ideas. Y, por supuesto, el contacto personal con la gente querida. ¿Qué vamos a hacer cuando podamos salir? Yo creo que iremos en bandada a la peluquería, jaja. Bromas aparte, la verdad es que no lo sé, no estoy pensando en ello porque cada día nos dicen que tendremos que quedarnos más tiempo en casa. Así que disfruto lo que tengo ahora mismo.


Arianna Squiloni: Curiosamente tengo mucho trabajo. No consigo escribir, eso no, en la cabeza se agitan demasiados pensamientos enmarañados. Lo que hago es empezar el día preparando un rico desayuno, cortando fruta, exprimiendo naranjas, preparando el té... Son muchos pasos que convierten esta actividad en un proceso zen. Luego, terminado el desayuno, me amarro a la taza de té y me siento delante del ordenador. Soy editora, tengo una pequeña editorial, y por lo tanto estoy preocupada por lo que pasará. Una parte de la mañana la dedico a cuestiones administrativas relacionadas con esta situación. Otra parte de la mañana, en cambio, la dedico a labores editoriales con la idea de que volveremos a la normalidad y de que es bueno seguir trabajando en los proyectos de libro, terminando la nueva web de la editorial. Pequeñas tareas que me mantienen arraigada a la vida normal. Entre una tarea y otra, me entretiene aprender idiomas... He recuperado el portugués cuya sonoridad permite momentos distendidos. Mientras que para los momentos en que se me hace más difícil comprender las cosas, por un mecanismo simpático, me he puesto a estudiar japonés. En esos momento no entiendo nada de nada, ni si escucho las noticias ni si trato de leer palabras japonesas y, eso, de una manera curiosa, me consuela.


Marina Colasanti: Cocinando, lavando ropa, planchando, mojando plantas. No extraño no poder salir, o lo extraño poco. Un escritor vive grandemente en su oficina. Lo que más disfruto es el mar que se ve, siempre glorioso, desde mi terraza. Pasado el confinamiento, iré a congresos, haré ponencias sobre lectura y literatura, volveré a la parte deambulatoria de mi trabajo.


Hacia una definición…

En cada país vivimos esta crisis (tanto sanitaria como económica) de formas distintas. Sin embargo, el mundo parece haberse achicado al habernos hecho conscientes que esta es una situación mundial y simultánea. En nuestro deseo por comprender y asimilar lo vivido, buscamos formas de describirlo.


Para Arianna, el mundo se asemeja a una gran criatura y como seres vivos que lo conformamos, todos estamos conectados. “Eso lo sabemos, pero creo que esta emergencia nos lo hace sentir. Por una vez sentimos en nuestra piel y en nuestras entrañas lo que significa formar todos parte de un único organismo.”


Este es también un mundo desconocido y para Yael es “totalmente inédito, fuera de toda imaginación posible... un mundo que solo existía en la fantasía, de la noche a la mañana se nos pone de frente y comienza a ser real...”


Sin embargo, la crisis no es una estado desconocido para la humanidad. Y aún así pareciera no dejar de sorprendernos y por ello Ana insiste en que es “absolutamente imprevisible y nos deja sin capacidad para reaccionar. Hemos estado acostumbrados a que hubiera situaciones de crisis en diferentes lugares del mundo pero no a nivel mundial.”


La historia de la humanidad puede ser narrada por las numerosas, -algunas innombrables y abominables-, crisis que han atravesado la vida en el planeta. Las grandes guerras, las hambrunas, las tragedias diarias de violencias y padecimientos, genocidios, segregación, persecuciones políticas y religiosas, enfermedades perennes que cobran vidas a diario, debacles económicas, sólo por nombrar algunas. Pero cuando las crisis se viven como colectividad, para cada uno de nosotros, individualmente adquieren una trascendencia mayor. Para Marina estamos ante “un mundo sorprendido, un mundo en dolor, un mundo en sufrimiento. Siempre supe que era un mundo chico. Nací en Eritrea, viví en Libia, me trasladé a Italia, y años más tarde vine a vivir en Rio.” Sólo cuando podemos levantar la mirada y sacar la cabeza sobre nuestro ensimismamiento entendemos que siempre hemos estado en un mismo mundo pequeño.


Y en este panorama mundial, en el que somos más conscientes de cuan conectados y cerca estamos, es posible que podamos ver nuestra vida en este mundo bajo otra lente. Para Claudia todo lo que sucede tiene dos caras y son tiempos muy interesantes en el contexto de la historia de la humanidad. “El mundo, como lo conocíamos antes de la llegada de este microscópico virus con corona, estaba desbordado en la prisa y el consumo. En la carrera por obtener la atención del otro, quedaba poco espacio para la empatía, la contemplación, la conservación del planeta y la construcción de ideas para el futuro. Hoy estamos viendo que la gente vuelve a tener tiempo para cocinar, estar con la familia, hablar con los amigos por teléfono, leer un libro y observar los problemas del otro. “




Los libros al centro. Y, ¿después qué?


En esta cuarentena hemos descubierto, o empezamos a comprender de alguna forma, que la cultura y dentro de ella los libros, son esenciales para la humanidad. Para Claudia, este momento que vivimos podrá cambiar la manera de vernos a nosotros mismos, nuestra relación con el entorno y con el otro. “Erich Fromm decía que lo que nos hace humanos no es nuestra fragilidad, pues esa la compartimos con todos los seres vivos, sino nuestra conciencia de la fragilidad. Superada la narrativa de septiembre 11, la tecnología y sus múltiples distracciones no nos estaban dando tiempo para pensarnos frágiles. Creo que la llegada de esta pandemia nos está devolviendo la conciencia de lo que somos y nos está haciendo otra vez humanos. El arte y la literatura aparecen necesarios ante este sentimiento de vulnerabilidad, intentamos buscar formas de permanencia. Puede tomar algo de tiempo, pero sobre estos tiempos se van a escribir y hacer obras para quedarse.”


La cultura es un acompañante, o como dice Arianna, “es una mano que nos sostiene a la hora de dar un paso complicado, son unos brazos que nos arropan, es una boca que nos susurra al oído y nos anima. Es una compañera indispensable para que nuestras mentes naveguen por los días y sus complicaciones.”


Desde muchos frentes, se han lanzado iniciativas para divulgar contenidos (a veces legalmente, ilegalmente, gratuitamente...). Se han habilitado canales de acceso a manifestaciones y espacios culturales que poco interés suscitaban antes para gran parte de la población mundial. La urgencia por generar o divulgar para consumir desde casa ha generado una oleada de estrategias virtuales. Para Yael estas propuestas culturales son bienvenidas en la medida que ayudan a pasarla mejor en este tiempo de encierro.


Ana no está muy segura de qué tan clara esté para todos las premisa de que la cultura es importante. Para los creadores y los que viven de los libros, “desde luego que lo es y lo ha sido siempre, pero no creo que la gente que no estaba interesada se haya acercado más. Hay gente que está orientando su tiempo a otras actividades. En España, muchas editoriales están regalando libros en formato digital, lo que me parece terrible para el sector, por no hablar de aquellos que están subiendo de manera ilegal contenido a redes. Un ejemplo es la cantidad de gente que está contando o leyendo o subiendo en pdf libros sujetos a derecho. Es minusvalorar el trabajo de muchas personas que dedican tiempo, recursos, dinero e imaginación para que tengamos libros, y nos lleva a la idea tan extendida de que la cultura debería ser gratis. La situación para el sector editorial -en el que me muevo- ya está siendo terrible: todo cancelado hasta junio en la época de más actividad, novedades retenidas, librerías sin saber cómo van a llegar a final de mes, congresos y encuentros cancelados. De momento, el panorama es muy desolador. Por otro lado, se ha acentuado de manera exagerada nuestra presencia frente a las pantallas. Uno de los comentarios que he escuchado más en gente de nuestro sector es la dificultad que estaban teniendo para sentarse a leer. Vivimos con demasiados estímulos: contestamos un correo el domingo, estamos pendientes del whatsapp, no paramos de hacer cosas, y la lectura quedó relegada para ratos muertos (antes de dormir, en el transporte, en un rato que le robas al día). Ojalá que este tiempo nos permita volver a sentarnos tres o cuatro horas seguidas con un libro.”


La conversación en torno a los libros sigue vigente, se potencia, pero los canales tradicionales no tienen cabida dentro de este esquema. Queda la pregunta de si la gratuidad en el acceso genera realmente un mayor deseo de leer, es decir un hábito lector sostenido que pasada la contingencia haya fortalecido el consumo cultural, y por ende desencadene una necesidad de volver a los espacios tradicionales: librerías y bibliotecas.


“Ahora bien, al proponer tantos contenidos gratuitos, hay que recordar en todo momento que nos hallamos en una situación crítica, única, especial. Los creadores y mediadores de cultura viven de lo que hacen, no hay que olvidar en ningún instante que los libros tiene un valor físico, un precio” dice Arianna a lo que agrega que aunque que está bien compartir los contenidos, o algunos, los lectores también debe rebuscar en sus bibliotecas en casa, leer libros que estaban allí para los que no se les había tenido tiempo. Y sobre todo, si durante este tiempo el lector ha apreciado la manera en que los libros y las historias le han acompañado, entonces a la vuelta de la cuarentena, visitar una librería independiente, comprar libros. ”Cómpralos para ti, pero también para la librera o el librero, para sus creadores y editores, porque después de estos largos días de encierro, su existencia será más precaria que nunca.”


Además de los canales de distribución, ¿podrá tener la crisis también un impacto sobre los creadores? Es incierto. Para Marina, el panorama no será muy distinto a futuro ya que la humanidad nunca aprendió de las crisis y así lo que poco se valoraba antes, seguirá siendo poco valorado. Pero por fortuna, “el trabajo de un creador tiene un rail por el cual avanza. La crisis no repercutirá sobre mi trabajo, que sigue siendo lo que siempre fue.”


Retos y aprendizajes…¿los habrá?


Cuando se está en medio de una crisis la lente con que se observa la realidad puede estar empañada por la inmediatez. Hablar en retrospectiva, ver los eventos desde un punto hacia el pasado nos da cierto desapego, una sensación de haber superado un momento de vida, y habilita en nosotros una capacidad de hablar desde una perspectiva más analítica.

Pero también es importante desde ya reflexionar sobre lo que esta encrucijada mundial significa y así intentar dar sentido y prepararnos para el después. Porque, como en todos los momentos históricos, siempre hay un mañana. Que sea mejor o peor, eso es lo que aún está por verse.


Para Claudia, la mejor enseñanza que podemos sacar de esta crisis es entender lo vulnerables que somos frente a cualquier a los cambios en la naturaleza, que logremos aprender que pertenecemos a un planeta y no que ese planeta nos pertenece. “El reto es lograr un cambio en nuestros hábitos, evitar que la próxima vez que nos tengamos que encerrar no sea por la mala calidad del aire o por temperaturas imposibles para vivir. “

La reflexión de Arianna se centra en sabernos parte de un todo y que como seres humanos nos necesitamos en todo momento. Constituimos un tejido social, humano, natural donde en todo momento lo que hace una persona tiene consecuencias cuyo alcance es impredecible. “Cada uno tiene la oportunidad de poner límites a sus acciones, no porque se lo haya ordenado nadie, sino porque en su fuero interno sabe que es lo que tiene que hacer. Podemos quitarnos la armadura que nos ponemos a diario para hacer negocios, y por una vez decirle a la otra persona que comprendemos sus razones y que no tenemos que fingirnos inflexibles para conseguir lo que sea que necesitemos. Esta empatía la vamos a necesitar como nunca antes en nuestra generación, porque habrá mucho dolor y al mismo tiempo económicamente lo pasaremos muy mal.”

Sin embargo, cuando se habla desde adentro, -desde la crisis misma-, se habla desde la necesidad, desde la emoción y la urgencia, recordándonos lo imperativas que serán determinadas acciones y por ello enviando un llamado de auxilio a todos los involucrados: ciudadanos, gobiernos, sectores económicos. Para Ana, por un lado la situación va a ser muy crítica para muchos que van a obtener cero ingresos en los próximos meses, lo que cree nos va a volver un poco individualistas, además de más pobres. Por otro, a nivel, social, se generará una amplia reflexión sobre qué tipo de políticos se quieren para construir país. “También creo que hay gente que se estará planteando cómo era su vida y cómo le gustaría que fuera. Veo mucha nostalgia por el campo, por la vida sencilla.”

Y sucede que a veces, aún con el paso del tiempo, no se aprende de los errores. Para Marina, los retos serán económicos más bien que morales. “Las enseñanzas serán personales más bien que colectivas. Crecí durante la Segunda Guerra, y el mundo está otra vez flirteando con populismos y antisemitismos y rechazando los migrantes que llegan en búsqueda de un lugar mejor para vivir.”



Soñando con un nuevo mundo


Se considera que los artistas y escritores tienen una sensibilidad especial a la hora de interpretar el mundo. La óptica con que lo describen y se aproximan a su comprensión es singular y con su creación la traducen para que los demás podamos acercarnos a ella y derivar un goce estético. Pedimos a nuestras invitadas que nos compartieras unas palabras, reflexión o ilustración que para ellas, -en lo personal o global-, describiera o representara el mundo que les espera post-pandemia.


Marina Colasanti:

"Un mundo en que seguiremos soñando de día y de noche, utilizando símbolos para decir la esencia de la vida que ignoramos. Un mundo de celebraciones y deseos. Como siempre fue."


Yael Frankel:

"Yo quiero volver a abrazar y besar a mis amigos, a salir a caminar, a sentarme cerca de los seres queridos. Quiero volver al cine, al teatro... No quiero mantener distancia ni saludar con el codo. Quiero volver al mundo en el que vivíamos antes de la cuarentena. ¿Podremos?"


Ana Garralón:

"Comparto una de las obras de John Everett Millais, The Woodman´s Daughter, porque aunque omitiendo un poco la historia en la que se inspiró, refleja un momento tal vez futuro: las cosas simples, ocuparse del jardín, la amistad, y el candor. Ya sé, soy optimista."


Claudia Rueda:

"Les comparto esto que escribí hace unos días. "

y las calles se quedaron sin gente
y la escuela y el café 
y el cine 
y en mercados y farmacias 
todos con máscaras 
y ya nadie se saludaba de la mano
nadie se daba un abrazo 
y el aire quedó limpio 
y salieron los animales 
y no hubo guerras 
y los déspotas se desprestigiaron 
y los líderes se notaron 
y los médicos fueron héroes 
y extrañamos a la maestra 
y al trabajo 
y a los pequeños problemas 
y encerrados desde nuestras casas 
empezamos a querer más 
a este pequeño planeta.

Arianna Squiloni:

"Pienso en la esperanza, en la posibilidad de encontrar puertas abiertas. Comparto un poema mío llamado Refugio, ilustrado por Laia Doménech (es parte del libro Debajo de la piedras que publicará la editorial Akiara de Barcelona)."


Esta imagen se reproduce con permiso de la autora. Prohíbase su reproducción sin su autorización.

Agradecimientos


Pedí a este grupo valioso de escritoras y artistas ceder un poco de su tiempo para contestar mis preguntas. Eso no es tarea menor cuando está antes el trabajo, sumado a las angustias o aflicciones que esta situación presente ejerce sobre cada uno. Porque no sólo es cuestión de tiempo. Es haberles pedido hurgar en sus emociones, en su intelecto, y producir para nosotros los lectores algunas reflexiones, que espero sirvan de asidero, de paliativo, de esperanza. Y con ello que podamos nosotros también elaborar sobre los momentos vividos.


A ellas, gracias.


Marina Colasanti es escritora, periodista, traductora y ilustradora de sus propios libros. Nació en Eritrea, vivió en Libia y en Italia, trasladándose definitivamente para Brasil en 1948. Autora de cuentos y microcuentos, poesía, ensayos, literatura infantil y cuentos maravillosos publicó más de 60 libros. Recibió el premio Norma Fundalectura y el Iberoamericano SM de literatura Infantil y Juvenil.

Su página es: https://www.marinacolasanti.com/


Foto credits: Natalia Fregoso.


Claudia Rueda es autora e ilustradora colombiana de más de una veintena de libros álbum para niños, publicados en México, Colombia, España y Estados Unidos y traducidos a catorce idiomas en Asia y Europa. Ha recibido varios premios que incluyen el premio Nati per Leggere en Italia, el Premio Internacional del Libro Ilustrado de México y la selección de la Sociedad de Ilustradores de Nueva York. Su obra ha estado en la lista de los mejor vendidos del New York Times y ha sido nominada por Colombia para el premio Hans Christian Andersen y el Astrid Lindgren.

Su página es: https://claudiarueda.com/



Ana Garralón es especialista en literatura infantil, crítica y formadora de mediadores. Uno de sus ámbitos de trabajo es el de libros informativos. Ha publicado Historia portátil de la literatura infantil y juvenil, y Leer y saber. Los libros informativos para niños. En el año 2016 el Ministerio de Cultura de España reconoció su trabajo con el Premio Nacional de Fomento de Lectura.

Su blog es: https://anatarambana.blogspot.com/



Arianna Squiloni nació en Milán, Italia. Allí iba a la escuela, pero pasaba todos los veranos en Onzo, un pueblito de campesinos en las colinas de Liguria, encajado entre el mar y la montaña. Ahora vive cerca de Barcelona, España. Desde siempre le apasiona curiosear, conocer, tanto las personas como el mundo a su alrededor. Quizás es por eso que de mayor ha estudiado lingüística e idiomas antiguos y modernos. Tal vez por eso le encanta ser editora y, de vez en cuando, escribir historias y poemas sobre lo que ve y sobre sus encuentros más o menos fugaces con cualquier manifestación de la vida.

Su editorial es: http://www.abuenpaso.com/


Foto credits: Sergio Lairla

Yael Frankel es escritora e ilustradora de libros infantiles nacida en Buenos Aires, Argentina. Ha publicado sus libros con editoriales de su país y de Colombia, Chile, España, Italia, Francia, Suiza, Corea del Sur y China. Además ha sido seleccionada en festivales de ilustración de Portugal, Emiratos Árabes y México; también ha expuesto su obra en la Feria del libro infantil de Bolonia, Italia, en 2015 y 2016. En 2015 ganó el Premio de ilustración Fundación SM Argentina, y su libro A simple vista, editado por Amanuta (Chile), fue incluido en el catálogo White Raven curado por la Biblioteca Juvenil Internacional (International Youth Library – IYL) de Múnich, Alemania. En 2019 sus ilustraciones ganaron el primer premio en el Sharjah Children Reading Festival.

Su página es: http://yaelfrankel.com/



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